¿Qué joyas puedo usar a diario? Consejos para elegir joyas aptas para el uso diario
Muchos nos pedís joyas para poder usarlas a diario: una cadena que no haya que quitarse para dormir, un anillo que aguante el trabajo, unos pendientes que se pongan y se olviden. Y es una pregunta muy buena, porque no todas las joyas están hechas para eso. Una pieza preciosa para una boda puede ser un desastre llevada ocho horas al día durante años.
Después de más de cincuenta años en el mostrador, sabemos cuáles son los tres problemas que más veces vuelven al taller: joyas débiles que se rompen o se chafan, piedras que se caen y garritas que se enganchan en la ropa o en el pelo. Con estos consejos básicos se evitan casi todos.
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1. Piezas macizas y fuertes, no huecas
Es el consejo número uno. Una joya que se lleva a diario recibe golpes, roces y tirones que una joya de ocasión nunca recibe: el volante, el bolso, el teclado, la puerta del coche, los niños. Una pieza maciza aguanta todo eso durante años sin deformarse. Una pieza hueca, que por fuera parece igual, se abolla con el primer golpe seco y, una vez chafada, casi nunca se puede arreglar bien.
Esto se nota sobre todo en las cadenas y en las pulseras. Una cadena hueca pesa poco y cuesta menos, pero cuando se engancha o se pisa se parte, y el eslabón roto es muy difícil de soldar porque no hay metal. Una cadena maciza se puede reparar toda la vida.
En nuestras fichas lo indicamos siempre que la pieza es maciza. Si quieres ir directo, tienes la selección en cadenas de oro de 18k, cadenas de plata de ley y cordones de plata macizos. En pulseras, lo mismo: una esclava maciza aguanta lo que no aguanta una hueca del mismo tamaño.
2. Piedras engastadas sin garras: chatón, bisel o carril
Las garras son el engaste más habitual y el más bonito para lucir una piedra grande, porque la dejan al aire y entra mucha luz. Pero para el día a día tienen dos pegas: se enganchan en los jerséis, en las toallas y en el pelo, y con cada tirón se van abriendo un poco, hasta que un día la piedra ya no está.
Para uso diario buscamos engastes a nivel, sin nada que sobresalga de la joya:
- Chatón o bisel: un aro de metal rodea la piedra por completo y la mantiene al ras. Es el engaste más seguro que existe. No hay nada en lo que engancharse y la piedra queda protegida por el propio metal.
- Carril: las piedras van en fila, encajadas entre dos paredes de metal, sin garras entre una y otra. Es el engaste típico de las alianzas y de los anillos de media eternidad.
- Pavé o grano: muchas piedras pequeñas sujetas con granitos de metal diminutos. Queda muy cuajado y es más resistente que las garras, pero a lo largo de los años alguna piedra pequeña puede soltarse; si vas a llevar la pieza a diario, mejor chatón o carril.
3. Pendientes pequeños y con buen cierre
En las orejas, para el día a día, lo que mejor funciona es un pendiente pequeño y pegado al lóbulo: un chatón, una bolita, un aro pequeño. No se engancha al peinarse, no molesta con el teléfono ni con la mascarilla, no se nota al dormir y no se desprende con el roce de la bufanda.
Los pendientes largos y los aros grandes se quedan para las ocasiones: cada vez que se enganchan tiran del lóbulo y acaban deformando el pendiente o el agujero.
Fíjate también en el cierre. El de presión (el que se cierra con un clic) y el de rosca no se sueltan solos; el de mariposa es el más cómodo, pero conviene apretarlo de vez en cuando porque con el uso se afloja. Tienes muchos modelos pequeños en pendientes de oro pequeños, en los chatones de plata de ley y, con cierre de presión, en modelos como estos pendientes de presión de plata.
4. Metales que no pierdan el color
Para llevar a diario quieres un metal que aguante el agua, el sudor, el jabón y la crema sin ponerse feo.
- Oro de 18 quilates. Es el metal de diario por excelencia: no se oxida ni se ennegrece, puedes lavarte las manos y ducharte con él, y recupera el brillo con un paño. El de 9 quilates también aguanta muy bien y es más económico.
- Plata de ley 925. Es una plata de verdad y dura toda la vida, pero se oscurece con el aire y el sudor. La buena noticia es que eso se limpia y vuelve a quedar como nueva, y que en las piezas que se llevan todos los días el propio roce la mantiene brillante. Si lleva baño de rodio, tarda mucho más en oscurecerse.
- Plata chapada o bañada en oro. Para uso diario es la más delicada. El baño de oro es una capa muy fina sobre la plata, y en un anillo o una pulsera que roza todo el día acaba desgastándose por los cantos y dejando ver la plata. Para una pieza de ocasión es perfecta; para llevarla todos los días, mejor oro macizo o plata sin baño.
- Acero inoxidable. No pierde color ni se oxida y es muy difícil de rayar. No se puede reparar ni ajustar de talla como el oro o la plata, pero para una pulsera o un colgante de diario aguanta lo que le echen.
Si quieres saber más sobre cada metal, tienes guías aparte sobre qué es el oro de 18 quilates, qué es el oro blanco y qué es la plata de ley 925.
5. Piezas sencillas, sin mucha pedrería
Cuanto más sencilla es una joya, menos cosas tiene que puedan fallar. Una pieza cuajada de piedras pequeñas tiene decenas de puntos por los que puede soltarse alguna; un anillo liso, una alianza o un chatón no tienen ninguno. Además, una joya sencilla combina con todo y no cansa, que es justo lo que le pides a algo que vas a ver puesto cada mañana durante años.
Esto no quiere decir que haya que renunciar a las piedras. Quiere decir que para diario conviene una piedra bien engastada antes que treinta piedrecitas en garras.
6. El cierre: mejor mosquetón
En cadenas y pulseras el cierre es la parte que más trabaja y la que primero falla. El mosquetón es el más seguro: se cierra con un muelle, no se abre solo con un tirón y, si algún día se rompe, se cambia por uno nuevo sin tocar el resto de la pieza. El cierre de caja con pestaña de seguridad, típico de las esclavas y de las pulseras rígidas, también es muy fiable. El que conviene evitar para uso diario es el reasa pequeño (el redondito de muelle de las cadenas finas): se dobla con facilidad y es el que más veces vemos abierto.
7. Y sobre todo: cómo llevarla
Esto es lo que más joyas salva, y lo que menos se cuenta.
- Ni demasiado apretada ni demasiado suelta. Una cadena o una pulsera que queda muy justa está siempre en tensión: cada movimiento tira del cierre y de los eslabones, y acaba partiéndose por el punto más débil. Una que queda muy suelta baila, se engancha en los pomos, en las asas del bolso o en el reposabrazos, y se rompe o se pierde. La medida buena es la que deja pasar un dedo entre la joya y la piel. Si dudas con el largo, pregúntanos: lo ajustamos.
- El anillo, en su talla. Un anillo grande se gira y se golpea con todo; uno pequeño sufre al quitarlo y ponerlo. En nuestra tienda los anillos se pueden ajustar de talla.
- Quítatela para lo bruto. Piscina (el cloro ataca las aleaciones), playa (la arena raya), gimnasio con pesas (las cadenas y los anillos se deforman) y tareas con guantes o con productos de limpieza. Para todo lo demás, llévala puesta.
- Perfume y crema antes de ponértela, nunca encima. Es lo que más apaga las piedras y la plata.
- Un repaso de vez en cuando. Mira el cierre, mira que las piedras estén firmes y, si notas algo suelto, tráela antes de que se caiga. Es una reparación de dos minutos frente a una piedra perdida.
En resumen
Una joya para llevar a diario tiene que ser maciza, con las piedras en chatón, bisel o carril, en un metal que no pierda el color como el oro o la plata de ley, sencilla, con un cierre de mosquetón y, sobre todo, bien medida: ni apretada ni suelta. Con eso, lo normal es que te dure toda la vida.
Hemos reunido las piezas de nuestro catálogo que cumplen estas condiciones en una sección aparte. Encontrarás anillos, pulseras, cadenas, colgantes y pendientes de oro de 18k, de 9k y de plata de ley, elegidos uno a uno con estos criterios.
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